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manuelpulido

EL HIJO DEL ACORDEONISTA

EL HIJO DEL ACORDEONISTA
Bernardo Atxaga. Madrid: Alfaguara, 2004.
El poeta, ensayista y narrador vasco regresa por sus mejores fueros en esta hermosa novela llena de reflexiones sobre el paso del tiempo, la distancia y los nexos que los salvan: las palabras, que como frágiles y ligeras mariposas sostienen la memoria emocional capaz de trascender cualquier tipo de barreras espacio-temporales. La edición original en euskera (Soinujolearen semea, 2003) ha merecido el Premio del Crítica 2003 y el Premio Euskadi de Plata y se ofrece ahora al público español no vascoparlante en una meritoria versión a cargo de Asun Garikano y el propio autor. Con una inteligente trama metanarrativa y tamporal, la novela combina la narración de dos amigos vascos sobre los recuerdos de sus vivencias a lo largo de la segunda mitad del siglo XX en una Euskadi marcada por una violencia que tiene su origen en los fatídicos días de la guerra civil. David, es hijo del acordeonista de Obaba, imaginaria localidad vasca en donde Atxaga ya había ambientado su anterior obra Obabakoak. Atribulado por las sospechas de la implicación de su padre en los fusilamientos de los maestros republicanos y otros vecinos del lugar durante la guerra, narrará sus memorias infantiles y juveniles con la ayuda de su inseparable amigo Joseba a través de los años finales del franquismo y la transición. El contexto histórico y las diferentes pequeñas historias que incluye la novela –destaca muy especialmente la del primer americano de Obaba-, da lugar a interesantes reflexiones sobre el exilio, el desarraigo, y sobre las actitudes éticas ante la violencia y la traición. La novela, que parte de unas esperables premisas del vasquismo de izquierdas, se resuelve de un modo inesperado, tanto para los defensores como para los detractores de este punto de vista. En un paradójico final se muestra que las historias nunca son como fueron, sino como las recordamos y como podemos, queremos o nos dejan contarlas. En suma, como expone el hermoso poema con el que se abre la novela, se trata de una inteligente reflexión sobre la memoria emocional del lenguaje que invita al lector predispuesto a sumergirse en el mundo personal de Atxaga. / MPM

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