Blogia
manuelpulido

AZAÑA, UNA PASIÓN ESPAÑOLA, POR JOSÉ LUIS GÓMEZ

AZAÑA, UNA PASIÓN ESPAÑOLA, POR JOSÉ LUIS GÓMEZ Del 27 al 30 del pasado mes de enero se pudo disfrutar en el Teatro Español de Madrid del reestreno de la obra histórica basada en textos del que fuera presidente de la República española. Se trata de un monólogo teatral dirigido e interpretado por el dramaturgo José Luis Gómez, producido por el Teatro de La Abadía y basado en una selección de textos de Azaña realizada por el que fuera asesor del ex-presidente Aznar, José María Marco. Coincidiendo con el aniversario del nacimiento del significado estadista y escritor –nos referimos naturalmente a Azaña-, José Luis Gómez quiso homenajearle con una reposición de Velada en Benicarló, escrita por Azaña en el camino del exilio a Francia. Ante ciertas dificultades de reparto optó por la reposición de este monólogo. Azaña, una pasión española nació sobre las tablas del Centro Dramático Nacional de Lluis Pasqual en 1988 y por su interpretación en esta obra José Luis Gómez recibió el Premio Ercilla en 1990. Tras varios reestrenos más, ha vuelto ahora al Teatro Español de la mano de su director Mario Gas para abrir la temporada teatral de 2005.
La obra que aborda las consideraciones esenciales sobre el respeto y la tolerancia se encuentra centrada entorno a tres grandes ejes temáticos: la meditación sobre la autopercepción personal y las circunstancias vitales e históricas -el autorretrato-, la reflexión sobre la incardinación del proyecto laico de la República en historia de España, y por último, el arte y la cultura como política de Estado en medio de una reflexión sobre el arte y el paisaje español. Con una magistral sobriedad en el empleo de elementos escénicos –tres sillones giratorios, un cesto de papeles, ceniceros, humo de cigarrillos, música y unos pocos efectos especiales- y una precisa caracterización, el actor confronta al personaje con un imaginario y ausente interlocutor –la historia, el público- para ir desentrañando a partir de extractos de la correspondencia, de discursos, de diarios, de memorias, de reflexiones personales y de la particular inclinación musical de Manuel Azaña, un retrato fascinante y poético de la personalidad del político, de sus ideas y pensamientos: “Educado, sí estoy; domesticado, nunca.”
Según declaraciones de Gómez en la presentación del espectáculo, "esta obra no pretende ser una reconstrucción histórica ni un juicio de la actuación política de Manuel Azaña" y sin embargo, lo presenta, según sus propias palabras, como un personaje “quijotesco” y “trágico”, eso sí, fascinante por lo complejo y lleno de “enormes posibilidades teatrales”. Siguiendo las explicaciones más torticeras del personaje, el dramaturgo ha declarado intentar “una comprensión de sus fallos”. Sin explicar cuáles son estos “fallos” de Azaña -¿políticos?, ¿de personalidad?, ¿era muy feo?- José Luis Gómez nos estaría remitiendo a esos discursos que, de modo inconsciente o no, tratan de desviar la culpa de la guerra civil hacia los fallos, errores y carencias de la República y sus defensores para ocultar la verdadera culpabilidad criminal de sus asaltantes golpistas. Pero no es el único reparo que se le podría hacer a la particular interpretación que José Luis Gómez hace de Azaña. Su visión está impregnada de un nacionalismo españolista que no sabemos si habría sido totalmente del gusto de Azaña, al menos en las interpretaciones que de sus textos ha hecho Gómez ("Azaña es un personaje que trasmite una gran emoción, cuyo dolor por la España que no logró atraviesa paredes de granito"). El dramaturgo ha llegado a emparentarlo un tanto forzadamente hasta con el tan traído y llevado “patriotismo constitucional” de los dos partidos beneficiarios de la actual restauración borbónica ("Tras el espíritu republicano de Azaña late, quizás, ese ‘patriotismo constitucional’ que tanto nos puede ayudar en el tiempo presente").
Con todo, se trata de una excelente dramatización, que si bien no nos acerca el Azaña más interesante para los republicanos, esto es, el próximo a sus proyectos políticos forzosamente truncados, sí nos acerca al más conocido por el público, quizás inevitablemente asociado a la guerra, el exilio y al fin de la República./ MPM

0 comentarios